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La otan se prepara para la guerra: el sueldo de los militares es un agujero negro

La Alianza Atlántica está apostando fuerte por la defensa, incrementando su gasto en un 20% en 2025 y apuntando a un 5% del PIB para 2035. Un cambio radical que, sin embargo, se ve empañado por una realidad brutal: la disparidad salarial entre sus miembros.

Un aumento de armas, menos de soldados

Un aumento de armas, menos de soldados

Las cifras hablan por sí solas: 574.000 millones de dólares destinados a la defensa europea y canadiense en 2025, un salto del 20% respecto al año anterior. Pero la pregunta no es cuánto se gasta, sino a dónde se invierte ese dinero. El informe anual revela que la prioridad es la modernización del equipamiento y la innovación tecnológica, dejando a un lado, por ahora, las retribuciones.

La OTAN no establece escalas salariales uniformes; cada país gestiona sus propios presupuestos militares. Sin embargo, la tabla salarial interna, actualizada en 2026, muestra una brecha abismal. Desde los 3.345 euros mensuales en algunos países hasta los 29.000 euros en posiciones de alto nivel, la diferencia es asombrosa. Un oficial de alto rango en España, por ejemplo, percibe 13.071,15 euros, una cifra considerablemente inferior a la de sus homólogos en Alemania (15.581,81 euros) o Estados Unidos (16.600 dólares).

La jornada laboral de 35 horas, que ya ha sido implementada en el Ejército, no se traduce en un aumento significativo de las nóminas. La guerra por el talento en las Fuerzas Armadas se libra, en gran medida, en términos de prestigio y oportunidades de ascenso, no en salarios.

Pero la situación es aún más preocupante cuando se considera el poder adquisitivo. Los países nórdicos, con salarios nominalmente altos, se ven perjudicados por el elevado coste de la vida, mientras que naciones como España, con sueldos más bajos, obtienen una ventaja relativa. Un oficial de grado medio en España gana 5.207,63 euros, mientras que en Alemania el mismo rango asciende a 6.238,62 euros. Esta disparidad no es solo una cuestión económica, sino una amenaza para la cohesión y la operatividad de la Alianza.

El aumento del gasto en defensa no se está traduciendo en un aumento proporcional de las retribuciones. El informe de 2025 deja claro que la mayor parte del incremento presupuestario se destina a capacidades militares, modernización e innovación tecnológica. La propia Alianza reconoce que su operatividad depende del personal, pero la falta de inversión en su remuneración podría tener consecuencias nefastas en el futuro. Es una paradoja inquietante: la OTAN se prepara para una guerra, pero no está invirtiendo en quienes la librarán.