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Intel: del ataque de trump a la cuadruplicación en bolsa – un renacimiento improbable

El gigante del silicio, Intel, ha protagonizado una de las mayores transformaciones de los últimos años, pasando de ser objeto de amenazas presidenciales a convertirse en un ejemplo de resurgimiento bursátil que supera cualquier expectativa.

De la crisis a la obsesión de la ia agente

Hace un año, la compañía se debatía entre la quiebra y la reestructuración. El entonces consejero delegado, Lip-Bu Tan, recibió un ultimátum directo de Donald Trump, quien amenazó con su destitución. Pero, como confiesa Tan, la situación ha cambiado radicalmente, y ahora la empresa se centra en acelerar la producción y satisfacer la creciente demanda.

La intervención del gobierno estadounidense, con una participación del 10% a través de una inversión de 8.900 millones de dólares en agosto de 2025, fue un movimiento sorprendente, pero necesario. El apoyo de Nvidia y Softbank, que incrementaron sus participaciones con un entusiasmo similar, consolidó la estrategia de rescate, impulsada en gran medida por la apuesta por la inteligencia artificial agéntica –la revolución en la que los ordenadores dejan de ser meros receptores de datos para convertirse en entidades capaces de tomar decisiones autónomas.

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El 'pelotazo' de trump y la reacción del mercado

La repentina alabanza de Trump hacia Tan, solo unos días después de la inversión del gobierno, parece un auténtico 'pelotazo'. Lo que ha desencadenado este cambio de actitud es la explosión de la demanda de procesadores capaces de ejecutar esta nueva capa de IA en local, en lugar de depender de la nube, una tendencia que ha revalorizado drásticamente el papel de Intel.

Cifras que hacen historia

Cifras que hacen historia

En tan solo ocho meses, la acción de Intel ha experimentado un aumento superior al 300%, catapultándola a una valoración de más de 400.000 millones de dólares. El viernes, la cotización se disparó un 22%, superando los 82 dólares por acción, un máximo histórico que incluso supera las cifras alcanzadas en el año 2000. La compañía, que en agosto de 2025 registró pérdidas de 3.728 millones de dólares, ha multiplicado sus pérdidas por más de cuatro, pero los inversores parecen recompensar el resurgir de las cenizas con una fe inquebrantable.

La historia de Intel es un recordatorio brutal de que, en el mundo de la tecnología, la supervivencia no es cuestión de principios, sino de adaptarse, reaccionar y, a veces, incluso contar con la inesperada intervención de un presidente con un ego desmesurado. Y, por el momento, parece que el juego, para Intel, está lejos de haber terminado.