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Ia: microsoft y meta, a la caza de la 'mente gigante' y un futuro energético en hidrógeno

La inteligencia artificial ya no es cuestión de procesadores más veloces. Mustafa Suleyman, jefe de IA de Microsoft, ha desmentido por completo la idea lineal de un progreso gradual. Lo que realmente impulsa la revolución actual es la capacidad de crear sistemas de IA que operen como una sola mente, capaz de procesar información a una velocidad y complejidad sin precedentes.

Un salto cuántico en la computación

Desde 2010, la potencia de cálculo utilizada para entrenar modelos de IA ha experimentado un crecimiento exponencial, multiplicándose por un trillón. Ya no se trata de meter más ‘cerebros’ en la sala, sino de conectar miles de procesadores para que trabajen en perfecta sincronía. Este avance, impulsado por hardware ultrapotente –chips que han pasado de 312 teraflops en 2020 a más de 2.200 actualmente–, memoria de alta velocidad como la HBM, y la superconexión a través de NVLink, ha dado lugar a superordenadores que funcionan como una única entidad.

Pero la verdadera paradoja es que esta voraz demanda de energía –un solo rack de servidores de IA consume la misma electricidad que cien viviendas – se enfrenta a una inesperada solución: el desplome de los costes de las energías renovables. El coste de la energía solar ha caído casi un 99% en las últimas décadas, abriendo la puerta a un futuro donde alimentar estos gigantes de datos no sea un obstáculo insalvable.

Agentes de ia: la próxima ola

Agentes de ia: la próxima ola

La industria ya está dejando atrás los simples asistentes virtuales. Suleyman apunta a una nueva era dominada por agentes de IA semiautónomos, capaces de gestionar proyectos complejos, negociar contratos e incluso organizar la logística de una empresa entera. Microsoft y otras tecnológicas están invirtiendo miles de millones en la construcción de impresionantes centros de datos, en la búsqueda de la denominada Superinteligencia Artificial (ASI) –una capacidad cognitiva que superará la inteligencia humana en prácticamente todos los ámbitos.

La estrategia de Apple, por el contrario, se presenta como una ‘descafeinación’ del proyecto, con riesgos latentes. La apuesta por la IA, aun con su potencial, se ve obstaculizada por la necesidad de abordar el consumo energético, un reto que se agudiza con la previsión de un incremento del cómputo global de IA por diez en los próximos años. Es un desafío que exige abandonar el pensamiento lineal y abrazar una nueva forma de abordar la complejidad de esta Tecnología.

La cifra clave: El cómputo global de inteligencia artificial podría multiplicarse por diez para 2027, un hito que marcará un punto de inflexión en nuestra relación con la Tecnología y, quizá, en nuestra propia definición de inteligencia.