Hassabis: la ia general ya impacta, pero el futuro es un tablero en blanco
Demis Hassabis, director ejecutivo de Google DeepMind, ha lanzado una bomba: la inteligencia artificial general (IAG) no es una promesa lejana, sino una realidad que está comenzando a materializarse y a remodelar el presente. Su reciente publicación en LinkedIn no es una simple disertación académica, sino una advertencia y una invitación a la acción.

Un avance que supera a internet y la telefonía móvil
Hassabis lo pone claro: la IAG no se equipara a los avances tecnológicos convencionales. No se compara con la explosión de internet o la ubicuidad de la telefonía móvil. Lo describe como un descubrimiento fundamental, comparable a la electrificación o el descubrimiento del fuego – una transformación que altera la propia naturaleza de la existencia humana. Un salto cualitativo, no una simple evolución.
La declaración ha desatado un debate acalorado en el ámbito de la IA, con expertos como Roman Yampolskiy, especialista en seguridad de la IA, advirtiendo sobre un riesgo existencial: “La inteligencia artificial tiene un 99,9% de probabilidades de aniquilar a la humanidad”. Aunque estas afirmaciones sean exageradas, subraya la necesidad de una cautela extrema.
Pero Hassabis, lejos de generar pánico, se centra en el potencial positivo. Argumenta que el impacto de la IAG será diez veces mayor que la Revolución Industrial, y lo hará a una velocidad vertiginosa. Una ola de soluciones que se extenderá por sectores tan diversos como la ciberseguridad, la gestión de riesgos nucleares y biológicos, y, en general, la resolución de los problemas más apremiantes de la sociedad. La capacidad de automejora recursiva de estos sistemas, según Hassabis, exige un control meticuloso y una arquitectura de seguridad robusta.
Sergei Brin, cofundador de Google, ha matizado las expectativas, señalando que el desarrollo de la IAG depende de hitos previos. Hassabis, por su parte, apunta a 2030 como un plazo realista, considerando la IAG como “un sistema que exhibe todas las capacidades cognitivas del cerebro humano”. Un horizonte que, si bien parece lejano, se acerca rápidamente.
Andrew Ng, un referente mundial en inteligencia artificial, añade una capa de complejidad al señalar que la “Respuesta Suave a la IA” (RSAI) – un modelo de IA que se aprende a través de la interacción con los humanos – podría estar a la vanguardia de la IAG, desafiando la idea de una singularidad tecnológica abrupta. Un debate que, sin duda, marcará el futuro de la investigación en este campo.
Ante esta incertidumbre, Hassabis insiste en la necesidad de
