Freidora de aire: ¿un capricho o la revolución en tu cocina?
La freidora de aire ha conquistado las cocinas, pero la pregunta persiste: ¿es una inversión sensata o una más en la pila de electrodomésticos infrautilizados? La respuesta, según el aclamado chef José María Borrás, no es sencilla. No es una cuestión de sí o no, sino de entender qué es realmente esta máquina y cómo puede encajar en una cocina exigente.
Desmontando el mito de la fritura perfecta
La expectativa de replicar al pie de la letra la fritura tradicional es, según Borrás, una trampa. La air fryer no es una varita mágica; es un pequeño horno de convección que utiliza aire caliente para dorar y secar los alimentos con menos aceite. La clave está en aceptar esta diferencia fundamental y ajustar las expectativas en consecuencia. Olvídate de la fritura crujiente y empapada en aceite que conoces; prepárate para una textura diferente, pero igualmente satisfactoria.
Borrás, quien ha ganado reconocimiento en el circuito S.Pellegrino Young Chef y dirige la cocina del Agroturismo Santa Mariana en Menorca, no ve la freidora de aire como un capricho, sino como una herramienta de eficiencia. La utiliza tanto en casa como en su restaurante para tareas concretas: obtener texturas crujientes con menos grasa, agilizar cocciones de pequeñas raciones y rematar platos sin encender el horno principal. Es un enfoque pragmático, lejos del marketing de catálogo y cercano a la realidad de un cocinero profesional.

La base técnica: potencia, temperatura y flujo de aire
Si te decides a invertir en una freidora de aire, Borrás enfatiza la importancia de no dejarse llevar por las promesas de programas inteligentes o pantallas táctiles. La base técnica es primordial. La potencia, idealmente por encima de 1.700 vatios, asegura que el aparato alcance la temperatura deseada rápidamente y mantenga el rendimiento incluso con cargas completas. El control de la temperatura, con un rango amplio y ajustes precisos, es esencial para adaptarse a diferentes tipos de cocción, desde deshidratar hasta dorar a altas temperaturas. Y, por último, un flujo de aire interno uniforme es crucial para que las piezas de comida se cocinen de manera homogénea.
“El tamaño de la cesta pasa a un segundo plano,” afirma Borrás. “Es preferible una capacidad moderada con buena potencia que un aparato grande que no rinde.”

Trucos de chef para un resultado profesional
Más allá de la elección del modelo, Borrás comparte algunos consejos prácticos que marcan la diferencia. El precalentamiento es fundamental para evitar tiempos muertos y asegurar un dorado óptimo. Evitar sobrecargar la cesta, permitiendo que el aire circule libremente entre las piezas, también es clave. Y, sorprendentemente, no demonizar el aceite: un ligero pincelado antes de cocinar puede realzar el dorado. Además, recalca que las recomendaciones genéricas de los fabricantes son solo un punto de partida, y que la experimentación es la clave para dominar el aparato. Controlar cuatro o cinco productos básicos (patatas, pollo, verduras, rebozados) permite extrapolar los ajustes al resto del recetario.
El chef menorquín, reconocido por su manejo preciso de productos baleares y su enfoque en la sostenibilidad, considera que la freidora de aire no desplaza al horno, la plancha o la sartén, pero sí puede convertirse en un aliado estable en la cocina, aligerando frituras, ahorrando energía y ampliando las opciones culinarias con menos grasa. Como él mismo dice, se trata de entenderla, no de idolatrarla.