El estrecho de ormuz al borde del abismo: ¿depresión global inminente?
El estrecho de Ormuz, un cuello de botella estratégico donde transita el 20% del petróleo mundial, se ha convertido en el epicentro de una crisis que podría desencadenar una depresión económica global, según advierte Rory Johnston en una entrevista a New Statesman.

El bloqueo amenaza con un colapso económico sin precedentes
La escalada de tensiones entre Israel, Estados Unidos e Irán ha puesto en peligro la estabilidad de esta vía marítima de 33 kilómetros de ancho, que conecta el golfo Pérsico con el mar de Omán. La situación es distinta a bloqueos previos: Irán no solo ha declarado el cierre, sino que ha minado el estrecho y amenazado con atacar cualquier buque que intente cruzarlo. Esto elimina cualquier margen de maniobra para el mercado.
La gravedad de la situación se refleja en las predicciones de Johnston, quien no habla de una simple recesión, sino de una depresión, un colapso sostenido con destrucción masiva de empleo y quiebra de cadenas productivas. La diferencia radica en la rapidez y el volumen del corte: a diferencia de la crisis energética post-invasión rusa de Ucrania o los ataques hutíes en el mar Rojo, no existe una alternativa inmediata para compensar la pérdida de capacidad.
Para las economías más ricas, el aumento de los precios del petróleo se traduce en una subida de impuestos masiva, impactando el consumo, la inversión y la inflación. Los bancos centrales se encuentran en una encrucijada, atrapados entre la necesidad de controlar la inflación y el riesgo de agravar la recesión con subidas de tipos. Europa, dependiente del gas natural importado, se ve especialmente vulnerable, en un mercado donde los barcos cambian de destino en función de la oferta.
Los países del Sur Global no tendrán la capacidad de competir en esta subasta, enfrentándose a una real escasez, no solo a precios más altos. Además, se verán afectados el transporte de alimentos, la logística agrícola y la cadena de suministro humanitaria. La velocidad de este corte es inédita, superando con creces las crisis energéticas previas.
El análisis de Johnston no predice un colapso total, sino una insuficiencia de las herramientas para evitarlo si el conflicto se prolonga. La única variable que podría cambiar el cálculo económico no reside en las políticas de los bancos centrales, sino en las negociaciones diplomáticas. La perspectiva es sombría: el mundo se enfrenta a un escenario donde la estabilidad económica depende de la voluntad política de los actores involucrados.
El tiempo apremia. Cada día que el estrecho de Ormuz permanezca bloqueado acerca al mundo a una crisis de dimensiones históricas. Y la diplomacia, ahora más que nunca, es la única vía para evitarlo.
