Egpu: la rtx 5090 se ataca a la potencia nativa y desata el caos
La comunidad gamer y creativa está de enhorabuena. CopprLink, una empresa poco conocida hasta ahora, ha logrado algo que parecía ciencia ficción: dotar a una tarjeta gráfica externa como la RTX 5090 de un rendimiento tan cercano al de una GPU integrada en la placa base que se podría considerar casi nativa.

Un salto cuántico en la conectividad pcie 5.0
Hasta ahora, las eGPU eran un parche, una solución de último recurso para paliar las limitaciones de ordenadores de gama media. Thunderbolt, OCuLink… cada Tecnología traía consigo cuellos de botella y compromisos que, en última instancia, impedían alcanzar el máximo potencial. La diferencia de rendimiento era palpable, una herida abierta en la experiencia del usuario. Pero CopprLink, con su innovador método de conexión PCIe 5.0 x16, ha conseguido borrar esas barreras.
El truco reside en una arquitectura que supera con creces las limitaciones de OCuLink o las versiones PCIe 4.0 x8. La firma ha logrado un ancho de banda de 64 GB/s por carril, gracias a una conexión que opera a 32 GT/s, cuatro veces superior a lo que ofrecía el estándar PCIe 4.0. Esto permite que la RTX 5090, incluso en su versión Founder’s Edition, mantenga una eficiencia cercana al 97,7% de su potencia original.
Un 2,29% de diferencia… casi imperceptible.La implementación, sin embargo, no es gratuita. Para disfrutar de esta experiencia, se requiere una carcasa como la HighPoint RocketStor 8631D (unos 1.100 euros) y un adaptador Rocket 7634D (850 euros), lo que eleva el coste total a casi 5.000 euros. Un precio prohibitivo, que por ahora la convierte en una opción exclusiva para entusiastas con un presupuesto desmesurado. No obstante, este avance representa un punto de inflexión.
Lo que CopprLink ha logrado es, en realidad, el primer paso hacia una nueva generación de componentes internos. El diseño se centra en la capacidad de renderizado y ejecución de programas y videojuegos, anticipando una evolución que podría transformar la forma en que construimos y utilizamos nuestros ordenadores. Un cambio de paradigma, sin duda.
Es una locura. Una locura que, paradójicamente, podría haber estado a nuestro alcance desde hace tiempo. Ya no hablamos de una eGPU experimental; hablamos de una alternativa viable, potente y, sobre todo, sorprendentemente silenciosa.