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Centros de datos desatados: la ia impulsa una aventura de deuda

Los promotores de centros de datos están apostando fuerte por la inteligencia artificial, sumergiéndose de nuevo en el mercado de deuda de alto riesgo. Una apuesta audaz que pone a prueba la paciencia de los inversores y revela una creciente demanda de infraestructura para alimentar el auge de la IA.

Edged compute lidera la carga con 1.300 millones

La compañía Edged Compute LLC, un nombre que aún no resuena en el radar, busca captar 1.300 millones de dólares mediante la emisión de bonos de alto rendimiento. Su objetivo: construir dos nuevos centros de datos, uno en Chicago y otro en Atlanta. Un movimiento que, en un contexto económico tenso, resuena como una declaración de intenciones.

Morgan Stanley es el banco que lidera esta operación, confirmando un apetito, aunque cauteloso, por financiar la expansión de la infraestructura de IA. Pero esta no es una operación aislada; recientes emisiones relacionadas con Google y CoreWeave Inc. ya han movilizado 6.700 millones de dólares. La fiebre por la deuda vinculada a la Tecnología es palpable.

Acuerdos a largo plazo y riesgos ocultos

Acuerdos a largo plazo y riesgos ocultos

La clave reside en la rentabilidad. Los inversores, tras la exitosa apuesta por gigantes como Google, exigen un rendimiento superior para proyectos que no cuentan con ese respaldo. La instalación de Edged Compute en Chicago, con una capacidad informática de 72 megavatios, está completamente arrendada a CoreWeave, una empresa con calificación especulativa, a través de un contrato de 16 años por valor de 2.300 millones de dólares. Un acuerdo que, en sí mismo, es una apuesta arriesgada.

En Atlanta, un centro de datos de 42 megavatios está arrendado a una filial de Alibaba Group Holding Ltd durante 15 años, por una inversión de 1.600 millones de dólares. Estos acuerdos a largo plazo, aunque lucrativos, encapsulan un considerable riesgo. La Inteligencia Artificial avanza a un ritmo vertiginoso, pero también rompe cosas; la infraestructura que la soporta debe ser robusta y adaptable.

La situación se complica en un momento de incertidumbre geopolítica. La tensión en torno al conflicto con Irán añade una capa de complejidad a las perspectivas económicas. La pregunta no es si la IA crecerá, sino cómo gestionaremos las consecuencias de su adopción masiva. Y, honestamente, pocos parecen estar preparados para responder a esa pregunta.