La fiscalidad de las pensiones en españa: todo lo que debes saber
La jubilación no es sinónimo de impunidad fiscal. Aunque las pensiones públicas tributan en el IRPF igual que un salario, existen excepciones y beneficios fiscales que pueden reducir drásticamente la factura tributaria de los jubilados. El problema es que buena parte de estas ventajas son poco conocidas o hay confusión al respecto.
La regla general: pensiones y irpf
Las pensiones de jubilación suelen tributar como rendimientos del trabajo, lo que significa que los jubilados pueden tener retenciones mensuales y estar obligados a presentar la declaración de la renta si superan determinados ingresos. En términos generales, el límite para no declarar se sitúa en 22.000 euros anuales con un solo pagador, aunque baja a 14.000 euros cuando existen dos pagadores y determinadas circunstancias adicionales.

Pensiones exentas de tributar
Entre las principales pensiones exentas de impuestos se encuentran las de incapacidad permanente absoluta y gran invalidez. También quedan libres de tributación determinadas prestaciones derivadas de actos de terrorismo y algunas pensiones de orfandad o en favor de familiares. En el caso de la incapacidad permanente, el matiz es importante: no todas las incapacidades están exentas. La incapacidad permanente total, por ejemplo, sí puede tributar, mientras que la absoluta y la gran invalidez quedan completamente libres de IRPF.

Ventajas fiscales para mayores de 65 años
Uno de los beneficios fiscales más relevantes para jubilados no afecta directamente a la pensión, sino al patrimonio. Los mayores de 65 años no tienen que pagar IRPF por la ganancia patrimonial obtenida al vender su vivienda habitual. Además, si un mayor de 65 años vende cualquier otro activo y reinvierte el dinero en una renta vitalicia, puede evitar tributar por la plusvalía siempre que cumpla los límites establecidos por Hacienda.
Además, los contribuyentes mayores de 65 años disfrutan de un incremento del mínimo personal y familiar en el IRPF, lo que reduce la parte de ingresos sobre la que se pagan impuestos. Este beneficio vuelve a aumentar a partir de los 75 años. A ello se suman reducciones y deducciones específicas en situaciones de discapacidad, dependencia o necesidad de asistencia.