España se adelanta: el cambio de hora vuelve a generar debate y revela un oscuro pasado
El reloj dará un vuelco el próximo 28 de marzo. A las 2:00 de la madrugada, serán las 3:00, y el horario de verano regresará tras un periodo de cinco meses. Una rutina que, de nuevo, desata un intenso debate sobre su utilidad y su origen.

¿Por qué seguimos saltando el reloj?
El Boletín Oficial del Estado (BOE) ha oficializado la fecha, pero la medida sigue siendo objeto de controversia. Aunque se argumenta que busca optimizar el aprovechamiento de la luz solar y reducir el consumo energético, una mayoría de la población española se opone al cambio.
Un reciente barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) revela que un 65,8% de los españoles abogaría por suprimir definitivamente el cambio de hora. La preferencia por el horario de verano es aún mayor, alcanzando el 68,5% de los encuestados.
Pero hay un detalle que pocos conocen: España no utiliza el huso horario que le corresponde geográficamente. La decisión de adelantar el reloj 60 minutos en 1940, bajo el mandato de Francisco Franco, fue un gesto de alineamiento con la Alemania nazi. Se unificó así la hora española con la de Berlín, pasando del horario de Greenwich (GMT+0) al de Europa Central (GMT+1). Las Islas Canarias fueron la única excepción, manteniendo el meridiano cero.
Más allá del debate social y económico, el cambio de hora tiene un impacto tangible. Estudios demuestran que el horario de verano favorece la actividad social y física, con beneficios para la salud mental y el estado de ánimo. Además, el aumento de la luz diurna impulsa el consumo, beneficiando a los negocios.
La eliminación del cambio de hora se ha propuesto formalmente en la Unión Europea desde 2019, pero hasta ahora, la medida persiste. España pide su abolición, aunque el futuro de este ajuste horario sigue siendo incierto. El próximo 25 de octubre, volveremos a atrasar el reloj, completando un ciclo que, para muchos, parece anacrónico y carente de sentido.
La cifra habla por sí sola: durante esos seis meses en los que se aplica el horario de verano, la Economía española experimenta un incremento notable en su facturación. Un pequeño precio a pagar, según algunos, por una mayor calidad de vida.
La decisión de Franco, motivada por una lealtad política, sigue resonando hoy en día. Un recordatorio de que la tecnología, y hasta el tiempo, pueden ser instrumentos de control y propaganda.
El reloj sigue avanzando. Y con él, la necesidad de replantearnos si esta práctica obsoleta sigue siendo una solución viable.
