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La lectura activa el cerebro de manera que la tv no puede

La noche antes de dormir, la mayoría de nosotros nos sentamos frente a una pantalla para ver una serie, vídeos o redes sociales en el móvil. Pero ese hábito puede tener graves consecuencias para nuestro cerebro.

El efecto pasivo de las pantallas

Un estudio con más de 11.000 adolescentes demostró que quienes pasaban más horas delante de la pantalla tenían un desarrollo menor en las zonas cerebrales relacionadas con el lenguaje, el razonamiento y la atención. Por otro lado, aquellos que leían más antes de dormir mostraban un patrón contrario en esas mismas áreas, lo que sugiere que la lectura es una actividad recomendable.

Cómo la lectura activa el cerebro de manera diferente

Cómo la lectura activa el cerebro de manera diferente

Al leer, el cerebro debe crear las imágenes, los personajes y los espacios a partir de palabras, lo que activa al mismo tiempo las zonas del lenguaje, la visión y el movimiento. Gregory Berns, neurocientífico de la Universidad de Emory, utilizó escáneres cerebrales y encontró que las conexiones generadas durante la lectura se mantenían activas hasta cinco días después de terminar el libro. En otras palabras, el cerebro sigue reorganizándose aunque ya no estés leyendo.

Además, según el Dr. David Lewis de la Universidad de Sussex, seis minutos de lectura reducen el estrés un 68%, más que escuchar música o salir a caminar. Esto se debe a que la mente se engancha a la historia y deja de darle vueltas a todo lo demás.

Las pantallas perjudican el sueño

Las pantallas perjudican el sueño

Por mucho que les afecte al cerebro a largo plazo, las pantallas también lo hacen de forma inmediata. La luz azul que emiten reduce la producción de melatonina a la mitad, lo que retrasa el momento en que el cuerpo empieza a prepararse para dormir. Y lo peor es que el contenido está diseñado para mantener la atención activa, justo cuando el cerebro necesita lo contrario.

LOS efectos a largo plazo son donde la investigación se pone más seria. Un estudio con más de 1.600 personas mayores de 55 años encontró que quienes habían leído de forma habitual durante su vida presentaban un deterioro cognitivo mucho más lento, incluso cuando sus cerebros ya mostraban daño físico. En ese sentido, leer puede ser una especie de reserva cerebral que el cerebro puede usar cuando más lo necesita.